viernes, 19 de septiembre de 2014

Daniel Arroyo en "Díaz de Crisis"

El lunes 22 de Septiembre a las 7.30am Daniel Arroyo será entrevistado por José Antonio Díaz en su programa "Díaz de Crisis", acerca de la situación social de nuestro país.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Daniel Arroyo en "Sentido Común"

El pasado 14 de Septiembre, Daniel Arroyo fue entrevistado por Alejandro Cancelare en "Sentido Común" acerca de la situación social, pobreza y empleo en el país.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Daniel Arroyo en Radio La Red.

En el día de ayer, Daniel Arroyo fue entrevistado por Luis Majul en su programa de radio "La Cornisa", acerca de la Cuestión Social y Pobreza en Argentina.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Daniel Arroyo en el Diario La Nación.

En el día de hoy, La Nación publicó un artículo sobre Pobreza Infantil, en el que se toman comentarios de Daniel Arroyo.

El 42,6% de los chicos del Gran Buenos Aires viven en la pobreza

Son más de 1,3 millones de menores de 18 años que no acceden a bienes básicos; 290.000 son indigentes; en todo el país, el índice es de 38,8%

Por   | LA NACION

Por vivir en hogares sin ingresos suficientes para acceder a los bienes más necesarios, el 42,6% de los chicos y adolescentes del conurbano bonaerense están en la pobreza. Y el 9,4% sufre indigencia, ya que en sus casas no hay ni siquiera recursos para la alimentación básica.
Así lo indican los resultados de la encuesta del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia para 2013, que presentará hoy la Universidad Católica  Argentina (UCA) y que muestra que en los últimos dos años, como consecuencia  suba de precios y del menor nivel de actividad económica, se agravó la situación de la niñez.
Traducidos los índices, en el conurbano hay 1,3 millones de chicos de hasta 17 años que son pobres. De ellos, 290.000 son indigentes.
Según se estima, la tendencia al crecimiento de la pobreza infantil seguiría este año por causa de la inflación y de la caída de fuentes laborales, que afectan principalmente a las familias con mayor grado de vulnerabilidad. Expertos consultados por LA NACION advirtieron que hoy no están dadas las condiciones para evitar que la pobreza se herede, en una cadena intergeneracional.
En el total de la población urbana del país -el relevamiento de la UCA abarca 5700 hogares de 19 áreas urbanas-, la pobreza entre los menores de 18 años está estimada en 38,8%, contra el 37,2% de 2012. Así, unos 5 millones de niños y adolescentes son pobres, y, de ellos, unos 800.000 (9%), indigentes.
En la población urbana total, la pobreza llega al 27,5%, según el mismo trabajo.

En el conurbano, en 2012 los niños sumergidos en la pobreza eran el 42%, un índice seis décimas inferior que el de la medición más reciente. El aumento es más pronunciado en comparación con 2011, cuando la tasa alcanzó el 38,5%. Ese año se había registrado una baja significativa, como efecto de la extensión del pago de la asignación universal por hijo (AUH). En 2010 el índice era de 47,3%. Pero los números ya muestran ahora un deterioro por segundo año consecutivo.
En la ciudad de Buenos Aires, la pobreza y la indigencia infantil se ubican en el 18,9 y en el 3,4%, respectivamente, con leves alzas respecto de 2012.
Para estimar los índices de pobreza, la UCA compara los ingresos declarados en los hogares con el valor de una canasta de bienes y servicios, a la cual se asignó para 2013 un valor de $ 4142 en el caso de una familia de cuatro personas (dos adultos y dos niños). Para la indigencia, el valor de la canasta fue de $ 1982.
La tendencia a un aumento de la pobreza medida por ingresos se ve agravada por la persistencia de elevados niveles de pobreza estructural, es decir, de la que no se mide por la suficiencia o no de los ingresos para acceder a determinados productos sino por las condiciones de vida y vivienda. En el conurbano, el 27,2% de los chicos tiene necesidades básicas insatisfechas (NBI), un índice que en este caso tuvo una leve mejora respecto de los tres años previos.
Eso significa que en el hogar se da al menos una de las siguientes situaciones: hay tres o más personas por cuarto; la vivienda es precaria; algún miembro menor de 12 años no va a la escuela; o hay cuatro o más integrantes por cada ocupado en coincidencia con que el jefe de familia sólo tiene nivel educativo primario.
Que los índices de pobreza e indigencia sean mayores entre la población infantil es un fenómeno observado en América latina, pero las diferencias son mayores en la Argentina, según afirma Gala Díaz Langou, coordinadora del Programa de Protección Social del Cippec. Agrega que hay varios factores que explican eso y uno de ellos es que la regulación laboral no favorece en nuestro país la inserción plena en el empleo de personas con chicos a cargo, al menos por dos razones: limitaciones del régimen de licencias e insuficiencia en la oferta de centros para el cuidado de los niños. Otra razón, agregó, es que según datos de una encuesta oficial, en el 10% más pobre de la población, el 30% de los menores no tiene ninguna cobertura de ingresos, lo que revela que persisten muchos hogares pobres a los que no llega la Asignación Universal por Hijo.
La infantilización de la pobreza es una problemática social que revela la continuidad de una cadena de "herencia" de la pobreza. "Las múltiples carencias materiales, sociales y emocionales en los primeros años de vida provocan consecuencias en el desarrollo físico y cognitivo de los niños, probablemente limitando su capacidad de apropiarse de los recursos necesarios para un mejor aprovechamiento de oportunidades, y propiciando procesos de reproducción intergeneracional de la pobreza", advierte el informe de la UCA.
Para Leonardo Gasparini, director del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad de La Plata, "reducir sustancialmente la persistencia intergeneracional de la pobreza requiere dotar a niños y jóvenes de posibilidades educativas, de un stock de capital social o de posibilidades laborales muy superiores a la de sus padres". Pero agrega: "La evidencia sugiere que esto no está ocurriendo", ya que si bien la AUH es muy útil para aliviar carencias, su impacto sobre la educación y las perspectivas de superar la pobreza "es pequeño".
La situación actual empeora, según afirma Daniel Arroyo, ex secretario de Políticas Sociales de la Nación, porque las transferencias de recursos están seriamente afectadas por el deterioro que les produce la inflación, algo que se suma a una situación de "parate en las changas" laborales y pérdida de empleo formal.
Además, agregó Arroyo -que hoy está en las filas del massismo-, en el conurbano hay una situación crítica por la escasez presupuestaria que perjudica a los comedores escolares. "Ha crecido un 50% la cantidad de personas que va a comedores comunitarios", advierte. Y lamenta: "Hay una generación de personas que no han visto trabajar ni a sus padres ni a sus abuelos y muchos de estos jóvenes ya son padres, por lo que habría una cuarta generación de pobreza".

viernes, 5 de septiembre de 2014

Daniel Arroyo en Vida y Ética.

En la primera publicación semestral del año 2014 del instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina, el Lic. Daniel Arroyo escribió un capítulo titulado "Políticas sociales y vida cotidiana en Argentina. Avances, dificultades y un gran desafío: la inclusión de los Jóvenes". 

En el artículo se retoman las principales políticas sociales de la última década, los cambios en la estructura social y sus impactos en la vida cotidiana, cuáles son los desafíos de una nueva política social y la situación de los jóvenes, como la realidad social más crítica, por último, se abordan propuestas en torno a la inclusión de los jóvenes. 

viernes, 29 de agosto de 2014

Daniel Arroyo en Salta

El viernes 22 de agosto, Daniel Arroyo estuvo en Salta, donde participó de una charla sobre la situación social en Argentina, organizada por las autoridades del Concejo Deliberante de la ciudad de Salta.


martes, 26 de agosto de 2014

Daniel Arroyo en la primera edición del Ciclo de desayunos empresariales "Argentina en Construcción"

Ayer, Daniel Arroyo participó de la primera edición del Ciclo de desayunos empresariales “Argentina en Construcción” organizado por la Fundación Concordia. Un espacio de debate organizado en cinco desayunos con el objetivo de analizar y discutir sobre puntos troncales de políticas públicas futuras. Esta primer edición del ciclo se centró en el área de política pública de Desarrollo Social, con la presentación de Daniel Arroyo, quien expuso sobre la situación que ofrece la Argentina y los desafíos que presenta para las políticas públicas a futuro.

martes, 19 de agosto de 2014

Hoy Daniel Arroyo en la Universidad Di Tella

Hoy a las 19 hs en la sede del Campus Alcorta de la Universidad Di Tella (Figueroa Alcorta 7350), Daniel Arroyo expondrá en un panel sobre"Escenarios sociales futuros: expectativas, límites y propuestas de cara al 2015".
El panel estará integrado, además, por Carlos Regazzoni, Miguel Braun y Gustavo Marangoni.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Daniel Arroyo en el Diario La Nación

El domingo pasado, el Diario La Nación publicó un artículo donde se toman comentarios de Daniel Arroyo.

Los jóvenes que el Estado ve, pero no mira

Un estudio de Cippec muestra cómo, a pesar de que abundan recursos y programas, la vulnerabilidad de quienes tienen entre 15 y 29 años no cede en el país

Por Raquel San Martín



El Estado nacional tiene en marcha 42 programas distintos destinados a los jóvenes -de Conectar Igualdad a Yo Mamá, de Orquestas Juveniles a Más y Mejor Trabajo, de Becas Bicentenario a la AUH-, las provincias y muchos municipios tienen los propios, y hay 28 proyectos de ley destinados a la población juvenil en estado de tratarse en el Congreso. Sin embargo, la situación de vulnerabilidad de quienes tienen entre 15 y 29 años en la Argentina -un cuarto de la población del país- no cede: el 62% no terminó el secundario, son dos y tres veces más veces víctimas del desempleo y el trabajo precario que los adultos, y crece el embarazo adolescente, a contramano de lo que ocurre en la región.

¿Qué separa a las buenas intenciones políticas de las vidas concretas a las que se dirigen? Un trabajo del Programa de Protección Social de Cippec en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, donde vive el 40% de esta población -que utilizó números de la EPH, análisis de políticas públicas de otros países y entrevistas con actores clave-, hace un retrato sociodemográfico y laboral de los jóvenes y ensaya una respuesta: a pesar de los avances de los últimos años, muchas políticas públicas destinadas a ellos desatienden los verdaderos puntos críticos de la experiencia de ser joven y pobre. Por ejemplo, pasan por alto que el 74% de los jóvenes que no estudian ni trabajan en territorio bonaerense son chicas que están en sus casas cuidando a sus hijos o hermanos, sin redes para mantenerse en la escuela o el trabajo; que la capacitación para el empleo que se recibe recién al final de la secundaria llega tarde; que facilitar el acceso a la primera vivienda -hoy una utopía- es clave; que los jóvenes son mucho más vulnerables que los adultos al empleo precario.

Y, en los peores casos, que buena parte de la sociedad mira a los jóvenes condenados a terminar en el delito y el narcotráfico, incluso los potenciales empleadores y hasta algunos funcionarios que tienen que pensar cómo ayudarlos a salir de la pobreza.

"La imagen de los jóvenes que predomina es la de los «ni-ni», y se piensa primordialmente en que no estudian ni trabajan. Pero lo que está en juego en esta población no es sólo estudiar y trabajar, sino la transición a la vida adulta, una experiencia que tiene hitos importantes: terminar la secundaria, ingresar en el mercado laboral con un empleo decente, salir del hogar familiar de origen, formar una pareja y un hogar propio, y tener el primer hijo", apunta Fabián Repetto, director del Programa de Protección Social de Cippec, a cargo del estudio, que se presentará el miércoles próximo.

Son todas, además, experiencias que se viven relacionadas, y como parte de una familia, y no compartimentadas en áreas -educación, salud, vivienda, trabajo-, tal como se organiza el Estado y plantea sus intervenciones. "Hay que tener una mirada más integral de la problemática de las juventudes, en plural, y pensar políticas públicas también integrales. Justamente el punto crítico es que la Argentina no tiene una política integral de juventud", advierte Repetto, y agrega: "Muchos programas no hacen una política".

Limitar la problemática de los jóvenes más pobres a los "ni-ni" parece, en principio, un error. En la provincia de Buenos Aires, los jóvenes que no estudian ni trabajan son el 15% de ese grupo, al que en realidad mayoritariamente lo afectan la informalidad y la precariedad laboral. Más aún, de los 566.000 jóvenes que no estudian ni trabajan en territorio bonaerense (son 900.000 en todo el país), la mayoría no coincide con el estereotipo de los chicos tomando cerveza en la esquina: por el contrario, el 74% son mujeres, madres (41%) y pobres (62%).

El caso de las chicas que abandonan la escuela y el trabajo, si lo tuvieron, para cuidar a sus hijos, hermanos o familiares mayores va al fondo de lo que los especialistas consideran una necesidad mayor de los jóvenes hoy desatendida: el cuidado, es decir, por ejemplo, una guardería cercana, accesible y confiable, o una escuela con horarios flexibles para las adolescentes mamás. "Es prioritario atender la ausencia de una política pública de cuidado que permita a todas las familias definir si quieren usar el mercado para eso -una guardería privada-, acuerdos intrafamiliares o un servicio público de calidad que no genere asimetrías desde la cuna -dice Repetto-. Esto tiene que estar asociado a intervenciones destinadas a revitalizar el sistema educativo para fomentar retención y terminalidad, y trabajar más articuladamente los vasos comunicantes entre escuela y mundo laboral."

Tener con quién dejar a sus hijos o no estar obligados a hacerse cargo de sus familias, en otras palabras, fomentaría la permanencia en la escuela y en el trabajo.

"La política educativa de los últimos años ha hecho una gran apuesta por la inclusión de los más vulnerables, materializada en inversión (infraestructura, cargos, becas, AUH, Progresar, Conectar Igualdad), planes de mejora con recursos en las escuelas y un fuerte discurso con respaldo en leyes. Pero la cuestión social desborda y la escuela secundaria tradicional no encuentra puentes con las vidas reales de los jóvenes -apunta Axel Rivas, investigador del área de Educación de Cippec-. Nos faltan políticas de replanteo de la organización, el sentido, la pedagogía y la carrera docente en las escuelas secundarias."

Pero es quizás el mundo del trabajo, y la consecuente posibilidad de independencia económica de sus familias, la asignatura más complicada para estos jóvenes. En la provincia de Buenos Aires, el desempleo juvenil duplica al de los adultos, el 52% de los jóvenes tiene un trabajo informal, un cuarto de los que trabajan recibe un salario menor al mínimo y un porcentaje similar está buscando otro trabajo. Con trayectorias laborales más erráticas, como dice el informe de Cippec, "en épocas de crisis, los jóvenes son los primeros en salir del empleo y los últimos en regresar".

"En estos años ha habido avances importantes, sobre todo porque estas políticas hoy se piensan desde los derechos y no desde la asistencia corta. En los 90 los jóvenes hacían cursos de tres meses en organizaciones chicas; hoy se tiende a que finalicen la escuela secundaria -apunta Ana Miranda, investigadora del Programa de Juventud de Flacso y del Conicet-. Pero hay falencias, como un sistema de cuidados para que pueda haber continuidad en el trabajo cuando los jóvenes tienen hijos a edades tempranas."

Para Miranda, las vinculaciones entre la escuela y el mundo laboral facilitan ese paso, pero si no se piensan sólo como prácticas profesionales. "La mayoría de los jóvenes consigue trabajo a partir de vínculos sociales y familiares. En un sector que se mueve en la informalidad, la necesidad de puentes con el mundo formal es más importante. Y hay un tema que se discute poco: quién enseña a los chicos a trabajar, a los humildes y a la clase media. Más allá de un oficio, trabajar implica convivir con edades distintas, conocer derechos y obligaciones. Los dispositivos de relación educación-trabajo pueden permitir que esto sea de otra manera."
DIRECCIÓN POLÍTICA

¿Cómo enfrentar la inflación y superposición de programas nacionales, provinciales y municipales, de distinta calidad, que abordan sólo el aspecto de los jóvenes que les interesa, con resultados que no se miden, basados en diagnósticos no siempre fieles y que muchas veces no alcanzan a su población-objetivo?

"Hace falta un actor con capacidad de organizar y ejercer la rectoría de una política de juventud. Cuando todos son responsables de un pedacito del conjunto de intervenciones, nadie es responsable de un mal resultado general", dice Repetto, y en el informe final su equipo recomienda, en ese sentido, la creación de un "Consejo Nacional de los Jóvenes", alto en la jerarquía estatal -dependiente de la Jefatura de Gabinete-, que trace una única política de juventud y articule los trabajos de los distintos ministerios involucrados. "Esto no significa crear superestructuras gigantescas, sino que una instancia sea capaz de obligar a los ministerios a orientar sus políticas de juventud según la decisión del Estado nacional", aclara.

Hoy existe una Subsecretaría de Juventud, que depende del Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Facundo Tignanelli, ex secretario de Organización de La Cámpora, que llegó al cargo en febrero pasado (a pesar de las llamadas y mails, Tignanelli no respondió a las consultas de la nacion). Pero muchos otros ministerios y organismos estatales (Educación, Salud, Industria, Planificación, Agricultura, Trabajo, la Anses y la Sedronar) tienen programas para esta población, sin más articulación que la buena voluntad de algunos ministros. Existe también un Consejo Federal de Juventud, con representantes de todas las provincias, que desde su creación en 2007 se reunió sólo tres veces (a la reunión del año pasado sólo asistieron 9 provincias). La articulación y gobernabilidad del sistema no parecen aseguradas.

Si se mira la provincia de Buenos Aires, puede haber además otras falencias. "Hay dificultades para llegar a los jóvenes realmente excluidos -advierte Daniel Arroyo, experto en políticas sociales y ex ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires-. La forma de intervención y convocatoria de los programas está en crisis. Hay que buscar a los jóvenes en sus casas, en las esquinas, en las plazas."

Arroyo agrega las cuestiones presupuestarias: "En la provincia, hay una brutal falta de recursos para poner en funcionamiento la nueva ley de protección de los derechos del niño y el adolescente, que es mucho mejor que la anterior. Y hay un problema presupuestario para la transferencia de dinero en los tiempos comprometidos, lo que afecta a espacios como centros de atención de adicciones o comedores. Lo peor para el Estado es no cumplir con esas transferencias, porque eso le quita credibilidad. Finalmente, hay poca articulación con las redes de organizaciones y gobiernos locales".

Contar con información sobre la implementación y los resultados de los programas, pero también las percepciones de los jóvenes sobre ellos, es otra de las propuestas de Cippec, junto con adelantar la edad en la que el Estado entrena las capacidades laborales de los jóvenes, promover políticas de acceso a la vivienda y fortalecer las políticas de salud sexual y reproductiva. A contrapelo de las tendencias internacionales, en el país crece la tasa de maternidad adolescente (es de 35,3 por cada mil mujeres de entre 10 y 19 años en 2011). En 2012, el 12,3% de las mujeres de entre 15 y 19 años tenían un hijo o estaban embarazadas.

Hay recursos, parece haber decisión, pero los jóvenes siguen desamparados. Quizá porque, en el fondo, la Argentina tenga una grave distorsión cuando mira a sus jóvenes, los más vulnerables y a veces también los otros: el verlos como un problema, y no como pura posibilidad

martes, 12 de agosto de 2014

Daniel Arroyo en Infobae


Ayer, se publicó en Infobae una nota donde se extraen comentarios de Daniel Arroyo sobre la situación de los comedores escolares del país, de la entrevista realizada por Silvia Mercado para InfobaeTV



"La nueva generación de chicos tiene una mala base nutricional"


Daniel Arroyo, ex viceministro de Desarrollo Social, analizó en InfobaeTV la precaria situación que se vive en los comedores escolares de todo el país. Cómo influye en la calidad de vida y en el aprendizaje.


Seis pesos por día es el monto que el Estado destina por cada chico en los comedores escolares del país, según la denuncia que realizó Jorge Lanata en su programa Periodismo para Todos. Esta suma no alcanza para mantener una buena calidad nutricional, aseguró el ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación Daniel Arroyo a Infobae TV.

Arroyo se refirió a "nueva generación en desigualdad", conformada por este grupo de chicos que recibe "harinas y comida básica" debido al bajo presupuesto que se destina y que en algunas provincias, como Misiones, es menor: tres pesos con cincuenta.

"​Seis millones de personas reciben asistencia alimentaria a través de tres sistemas: uno en los comedores de las escuelas, otro en los comedores comunitarios y a través de transferencias de dinero a las familias para comprar alimentos. Hoy los tres están complicados. Se paga tarde a los proveedores y se ha achicado el cupo de beneficiarios. Hay que estirar y eso empeora la calidad del alimento. Los chicos comen peor que hace cuatro o cinco años en las escuelas", dijo Arroyo en diálogo con Silvia Mercado.

"El monto era de cinco pesos por mes. El Gobierno lo subió a seis pero achicando el cupo, y es por eso que ahora la directora de un colegio tiene que definir a quién le da y a quién no le da de comer", agregó en relación al testimonio de la docente de Misiones Zulma Molina, quien contó que los 400 chicos que asisten a clase se pelean por la comida.




"La desigualdad profunda"

De acuerdo al análisis del ex viceministro, hay tres momentos en los que se genera una brecha muy grande y es allí donde el Estado debería destinar más recursos.



-La primera infancia: entre los 45 días y los dos años. Ahí la nutrición es clave, más el acompañamiento de salud, más todo lo que hace a una red de contención familiar. Si una mamá está recibiendo 120 pesos en una tarjeta, le está dando una mala alimentación y se aleja mucho de un chico de clase media.

-La escuela y los comedores escolares: se ve claramente eso, el chico que va a comer a la casa o que está en una escuela privada sin dudas comer mejor que un chico al que le están dando comida con tan bajo monto y en mala condición.

-El mundo del trabajo: cuando ya es adulto. Realmente lo que estamos generando es un riesgo de ir a una cuarta generación de exclusión. La Argentina tiene un millón y medio de jóvenes excluidos. Jóvenes que no han visto ni a su padre ni a su abuelo trabajar. De estos jóvenes, muchos son padres y ese niñito va a ser cuarta generación si no va a comer bien, si no va a tener acompañamiento. Entonces, si no cortamos esto en serio y volcamos recursos acá, estamos potenciando un gran conflicto.

Respecto a las políticas sociales, Arroyo remarcó que ha habido intenciones claras de mejorarlas, como fue en diciembre de 2009 anunciar la Asignación Universal por Hijo, que en ese entonces eran 180 pesos y hoy son 644; pero debido a los niveles de inflación actuales, pese al aumento, se compra menos que en el año 2009.

"Le transfieren más dinero pero las cosas salen mucho más caras. Esto tiene que ver con la inflación y con un diagnóstico equivocado. El Gobierno tenía la idea de que cuando la economía se acomodara esto también se iba a acomodar y no fue asì. Aun cuando la economía creció a un 8 por ciento anual. El objetivo claro debería ser la primera infancia", destacó.

"La provincia de Buenos Aires hoy está quebrada. Está muy por debajo del punto de equilibrio. Siempre le faltó dinero, es el 40 por ciento del país y recibe el 20 por ciento de coparticipación. En ese sentido, estamos hablando de que el 40 por ciento del país está en una emergencia social profundaante un Estado que se está retirando porque no tiene dinero y que va transfiriendo recursos cuando puede y de la manera que puede", concluyó.